martes, 12 de enero de 2016

Niebla



Unamuno y Barry, Torrelavega 1931

Hace unos días se cumplieron los 80 años de la muerte del Sr. Unamuno. Vds. ya saben que a mi me encanta Unamuno, en Niebla además está Orfeo. A Orfeo se le ha analizado literariamente reiteradamente, no obstante, no hacía falta, Unamuno quizá se atormentara mucho con el ser humano, pero, desde luego, sabía muy bien que esperar del ser perruno y tal vez lo único que anhelara fuera algo más de perruno en el humano... En Niebla, ya antes de la aparición de Orfeo como compañero inseparable de Augusto en el capítulo V, aparece la figura del perro a modo de oráculo, en una ocasión y en transfiguración mitológica en una segunda durante el capítulo I que les dejamos con la esperanza de que, si no han leído Niebla, lo hagan a lo largo de este 2016. 


NIEBLA CAPÍTULO I

Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho, con la mano
palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo quedose un momento parado en
esta actitud estatuaria y augusta. No era que tomaba posesión del mundo exterior,
sino era que observaba si llovía. Y al recibir en el dorso de la mano el frescor del
lento orvallo frunció el sobrecejo. Y no era tampoco que le molestase la llovizna, sino
el tener que abrir el paraguas. ¡Estaba tan elegante, tan esbelto, plegado y dentro
de su funda! Un paraguas cerrado es tan elegante como es feo un paraguas abierto.
«Es una desgracia esto de tener que servirse uno de las cosas –pensó Augusto–;
tener que usarlas, el use estropea y hasta destruye toda belleza. La función más
noble de los objetos es la de ser contemplados. ¡Qué bella es una naranja antes de
comida! Esto cambiará en el cielo cuando todo nuestro oficio se reduzca, o más bien
se ensanche a contemplar a Dios y todas las cosas en Él. Aquí, en esta pobre vida,
no nos cuidamos sino de servimos de Dios; pretendemos abrirlo, como a un
paraguas, para que nos proteja de toda suerte de males.»
Dijose así y se agachó a recogerse los pantalones. Abrió el paraguas por fin y se
quedó un momento suspenso y pensando: «y ahora, ¿hacia dónde voy?, ¿tiro a la
derecha o a la izquierda?» Porque Augusto no era un caminante, sino un paseante de
la vida. «Esperaré a que pase un perro –se dijo– y tomaré la dirección inicial que
él tome.»
En esto pasó por la calle no un perro, sino una garrida moza, y tras de sus ojos se
fue, como imantado y sin darse de ello cuenta, Augusto.
Y así una calle y otra y otra.
«Pero aquel chiquillo –iba diciéndose Augusto, que más bien que pensaba hablaba
consigo mismo–, ¿qué hará allí, tirado de bruces en el suelo? ¡Contemplar a alguna
hormiga, de seguro! ¡La hormiga, ¡bah!, uno de los animales más hipócritas! Apenas
hace sino pasearse y hacernos creer que trabaja. Es como ese gandul que va ahí, a
paso de carga, codeando a todos aquellos con quienes se cruza, y no me cabe duda
de que no tiene nada que hacer. ¡Qué ha de tener que hacer, hombre, qué ha de
tener que hacer! Es un vago, un vago como... ¡No, yo no soy un vago! Mi
imaginación no descansa. Los vagos son ellos, los que dicen que trabajan y no hacen
sino aturdirse y ahogar el pensamiento. Porque, vamos a ver, ese mamarracho de
chocolatero que se pone ahí, detrás de esa vidriera, a darle al rollo majadero, para
que le veamos, ese exhibicionista del trabajo, ¿qué es sino un vago? Y a nosotros
¿qué nos importa que trabaje o no? ¡El trabajo! ¡El trabajo! ¡Hipocresía! Para trabajo
el de ese pobre paralítico que va ahí medio arrastrándose... Pero ¿y qué sé yo?
¡Perdone, hermano! –esto se lo dijo en voz alta–. ¿Hermano? ¿Hermano en qué?
¡En parálisis! Dicen que todos somos hijos de Adán. Y este, Joaquinito, ¿es también
hijo de Adán? ¡Adiós, Joaquín! ¡Vaya, ya tenemos el inevitable automóvil, ruido y
polvo! ¿Y qué se adelanta con suprimir así distancias? La manía de viajar viene de
topofobía y no de filotopía; el que viaja mucho va huyendo de cada lugar que deja y
no buscando cada lugar a que llega. Viajar... viajar... Qué chisme más molesto es el
paraguas... Calla, ¿qué es esto?»
Y se detuvo a la puerta de una casa donde había entrado la garrida moza que le
llevara imantado tras de sus ojos. Y entonces se dio cuenta Augusto de que la había
venido siguiendo. La portera de la casa le miraba con ojillos maliciosos, y aquella
mirada le sugirió a Augusto lo que entonces debía hacer. «Esta Cerbera aguarda –
se dijo– que le pregunte por el nombre y circunstancias de esta señorita a que he
venido siguiendo y, ciertamente, esto es lo que procede ahora. Otra cosa sería dejar
mi seguimiento sin coronación, y eso no, las obras deben acabarse. ¡Odio lo
imperfecto!» Metió la mano al bolsillo y no encontró en él sino un duro. No era cosa
de ir entonces a cambiarlo, se perdería tiempo y ocasión en ello.
–Dígame, buena mujer –interpeló a la portera sin sacar el índice y el pulgar del
bolsillo–, ¿podría decirme aquí, en confianza y para inter nos, el nombre de esta señorita
que acaba de entrar?
–Eso no es ningún secreto ni nada malo, caballero.
–Por lo mismo.
–Pues se llama doña Eugenia Domingo del Arco.
–¿Domingo? Será Dominga...
–No, señor, Domingo; Domingo es su primer apellido.
–Pues cuando se trata de mujeres, ese apellido debía cambiarse en Dominga. Y si
no, ¿dónde está la concordancia?
–No la conozco, señor.
–Y dígame... dígame... –sin sacar los dedos del bolsillo–, ¿cómo es que sale así
sola? ¿Es soltera o casada? ¿Tiene padres?
–Es soltera y huérfana. Vive con unos tíos...
–¿Paternos o maternos?
–Sólo sé que son tíos.
–Basta y aun sobra.
–Se dedica a dar lecciones de piano.
–¿Y lo toca bien?
–Ya tanto no sé.
–Bueno, bien, basta; y tome por la molestia.
–Gracias, señor, gracias. ¿Se le ofrece más? ¿Puedo servirle en algo? ¿Desea le
lleve algún mandado?
–Tal vez... tal vez... No por ahora... ¡Adiós!
–Disponga de mí, caballero, y cuente con una absoluta discreción.
«Pues señor –iba diciéndose Augusto al separarse de la portera–, ve aquí cómo
he quedado comprometido con esta buena mujer. Porque ahora no puedo
dignamente dejarlo así. Qué dirá si no de mí este dechado de porteras. ¿Conque...
Eugenia Dominga, digo Domingo, del Arco? Muy bien, voy a apuntarlo, no sea que se
me olvide. No hay más arte mnemotécnica que llevar un libro de memorias en el
bolsillo. Ya lo decía mi inolvidable don Leoncio: ¡no metáis en la cabeza lo que os
quepa en el bolsillo! A lo que habría que añadir por complemento: ¡no metáis en el
bolsillo lo que os quepa en la cabeza! Y la portera, ¿cómo se llama la portera?»
Volvió unos pasos atrás.
–Dígame una cosa más, buena mujer...
–Usted mande...
–Y usted, ¿cómo se llama?
–¿Yo? Margarita.
–¡Muy bien, muy bien... gracias!
–No hay de qué.
Y volvió a marcharse Augusto, encontrándose al poco rato en el paseo de la
Alameda.
Había cesado la llovizna. Cerró y plegó su paraguas y lo enfundó. Acercóse a un
banco, y al palparlo se encontró con que estaba húmedo. Sacó un periódico, lo
colocó sobre el banco y sentóse. Luego su cartera y blandió su pluma estilográfica.
«He aquí un chisme utilísimo –se dijo–; de otro modo, tendría que apuntar con
lápiz el nombre de esa señorita y podría borrarse. ¿Se borrará su imagen de mi
memoria? Pero ¿cómo es? ¿Cómo es la dulce Eugenia? Sólo me acuerdo de unos
ojos... Tengo la sensación del toque de unos ojos... Mientras yo divagaba líricamente,
unos ojos tiraban dulcemente de mi corazón. ¡Veamos! Eugenia Domingo,
sí, Domingo, del Arco. ¿Domingo? No me acostumbro a eso de que se llame Domingo...
No; he de hacerle cambiar el apellido y que se llame Dominga. Pero, y
nuestros hijos varones, ¿habrán de llevar por segundo apellido el de Dominga? Y
como han de suprimir el mío, este impertinente Pérez, dejándolo en una P, ¿se ha de
llamar nuestro primogénito Augusto P Dominga? Pero... ¿adónde me llevas, loca
fantasía?» Y apuntó en su cartera: Eugenia Domingo del Arco, Avenida de la
Alameda, 58. Encima de esta apuntación había estos dos endecasilabos:
De la cuna nos viene la tristeza
y también de la cuna la alegria...
«Vaya –se dijo Augusto–, esta Eugenita, la profesora de piano, me ha cortado
un excelente principio de poesía lírica trascendental. Me queda interrumpida.
¿Interrumpida?... Sí, el hombre no hace sino buscar en los sucesos, en las vicisitudes
de la suerte, alimento para su tristeza o su alegría nativas. Un mismo caso es triste o
alegre según nuestra disposición innata. ¿Y Eugenia? Tengo que escribirle. Pero no
desde aquí, sino desde casa. ¿Iré más bien al Casino? No, a casa, a casa. Estas
cosas desde casa, desde el hogar. ¿Hogar? Mi casa no es hogar. Hogar.. hogar...
¡Cenicero más bien! ¡Ay, mi Eugenia!» Y se volvió Augusto a su casa.

viernes, 8 de enero de 2016

Mezquinos y Psicópatas


Nosotras somos obedientes y ayer por orden de C&C en un tweet, nos fuimos corriendo a leer esto del niño desgraciaito, al rato vimos en las noticias como unos cabrones de unos 14 años de edad en Fuentes, Cuenca, daban una patada a un gatito y lo lanzaba a unos 40 metro mientras lo grababan, lo subía a las redes y se regodeaba en la agonía del pobre animalito, que, boca arriba movía las patitas con espasmos, con toda probabilidad se le ha partido el cuello y eran sus últimos movimientos convulsivos. El gatito boqueaba en su instinto por moverse. No hemos podido encontrar el vídeo "limpio" para ponerlo, sino que todos los que aparecen están acompañados de la solución que cada uno aporta, así que hemos preferido no ponerlo, en cualquier caso en el buscador youtube: "Fuentes-Cuenca-Gato" y podéis verlo, lo emitieron en 13TV noticias de la noche, el caso es de junio y el motivo por el que salía en las noticias, al parecer es que, después de la denuncia interpuesta por PACMA se les ha abierto un "Expediente de Menores", esto es, la fiscalía se persona como acusación y, en nombre de la sociedad, se le da una regañina: "Niños malos, eso no se hace, caca".

Bien, en ninguno de los casos ocurrirá nada, en el primero, como queda reflejado en los comentarios de la entrada y como bien dice Desgraciaíto, aunque las autoridades que hagan el atestado del accidente y retiren el cadáver del animalito y se molestaran en buscar el chip identificativo obligatorio, habría que demostrar intencionalidad en el abandono. otra cosa es, que la compañía de seguros de Desgraciaíto, a través de la identificación del animalito pida los daños correspondientes a la persona que figure como titular en la cartilla sanitaria. Ojalá sea así, quizá de este modo ese cretino al menos, no lo repetirá.

Por otro lado, los psicópatas estos de Cuenca, acabarán apaleando a su novia o a quién se les cruce en el camino, porque un psicópata no se cura dándole palmaditas en la espalda y diciéndole y razonándole que sea bueno y que no está bien maltratar a los animales. Las chicas de PACMA que amablemente atendieron a mamy esta mañana por teléfono, estaban muy contentas por la resolución porque "con esto se les va a educar en el respeto a los animales", mamy se asombra de la candidez de estas chicas. Un niño de cualquier edad sabe perfectamente que no es una conducta correcta golpear a un animalito, bien distinto es que los niños pequeños, de menos de seis años, en su emoción por coger a los perritos o los gatitos les aprieten sin controlar sus fuerza o les agarren por la cola. Si cualquiera observa en un niño, por pequeño que sea, otra intencionalidad, es decir, la de dañar al animalito, ahí tiene Vd. un psicópata. Un psicópata debe ser apartado y discriminado de la sociedad, porque una psicopatía, por mucho que se empeñen los demagogos, no es otra cosa que maldad en estado bruto o refinado, dependiendo del tiempo que se les deje actuar impunemente o de las luces del individuo en si.

Captura del Vídeo en el momento en el que el grandísimo cabrón entre la jarana de otros cabrones se dispone a cometer el gaticidio.


PS: En ocasiones, a las cosas hay que llamarlas por su nombre, así que sentimos tener que utilizar el lenguaje empleado en esta entrada.


domingo, 3 de enero de 2016

El Ser. Parménides de Elea


Las yeguas que me llevan me condujeron hasta la meta de mi corazón, pues que en su carrera me trasportaron hasta el famoso camino de la deidad que, solo, lleva a través de todo al hombre iniciado en el saber. Hasta allí fui llevado, pues hasta allí me llevaron las muy inteligentes yeguas que tiran de mi carro, mientras que unas doncellas me enseñaban el camino.

El eje, inflamándose en los cubos, impelido de ambos lados por las dos redondas ruedas, lanzaba un grito de siringa, en tanto se apresuraban por conducirme hasta la luz las doncellas del Sol, dejando atrás las moradas de la Noche, quitándose con las manos de las cabezas los velos.

Allí están las puertas de los caminos de la Noche y del Día, sujetas entre un dintel y un umbral de piedra, altas hasta el éter, cerradas con ingentes hojas, de las que la Justicia fecunda en penas guarda las llaves maestras.

Induciéndola con blandas razones, las doncellas la convencieron inteligentemente de que sin tardanza les quitase de las puertas la barra sujeta con un cerrojo. Y las puertas abrieron una boca inmensa al desplegar las alas y hacer girar sucesivamente en los quicios sus ejes de fuerte bronce, sujetos con clavijas y pernos. Allá, pues, a través de las puertas, guiaron en línea recta las doncellas por la calzada carro y yeguas.

Y la diosa me acogió benévolamente. Tomó mi mano derecha en la suya y me habló dirigiéndome estas palabras:

Oh, joven, que en compañía de inmortales conductores y traído por esas yeguas arribas a nuestra morada, salud, pues que no es un destino aciago quien te impulsó a recorrer este camino, que está, en efecto, fuera del trillado por los hombres, sino la ley y la justicia. Mas necesidad es que te informes de todo, tanto del intrépido corazón de la Verdad bien redonda, cuanto de las opiniones de los mortales, en las que no hay una fe verdadera. Pero en todo caso aprenderás también esto, cómo necesitaban haber puesto a prueba cómo es lo aparente, recorriéndolo enteramente todo.

Mas tú, de este camino de busca aparta el pensamiento que pienses, no te fuerce el hábito preñado de experiencia a entrar por este camino, moviendo ciegos ojos y zumbantes oídos y lengua, antes juzga con la razón la muy debatida argumentación por mí expuesta. Una sola posibilidad aún de hablar de un camino queda.

Sin embargo, considera firmemente con el pensamiento lo ausente como presente. Porque no cortarás a lo que es de su contacto con lo que es, ni esparcido por todas las partes del mundo, ni recogido.

Igual me es todo punto de partida, pues he de volver a él.

 Pero ven, y te diré, y tú retén las palabras oídas, qué únicos caminos de busca son pensables. El uno, que es y que no es posible que no sea, es la vía de la Persuasión, pues sigue a la Verdad. El otro, que no es y que necesario es que no sea, éste, te digo, es un sendero ignorante de todo. Porque ni puedes conocer lo que no es, pues no es factible, ni expresarlo.

 Pues una misma cosa es la que puede ser pensada y puede ser.

Necesario es que aquello que es posible decir y pensar, sea. Porque puede ser, mientras que lo que nada es, no lo puede. Esto te pido consideres. De este primer camino de busca, pues, te aparto, pero también de aquel por el que mortales que nada saben yerran bicéfalos, porque la inhabilidad dirige en sus pechos el errante pensamiento, y así van y vienen, como sordos y ciegos, estupidizados, raleas sin juicio, para quienes es cosa admitida que sea y no sea, y lo mismo y no lo mismo, y de todas las cosas hay una vía de ida y vuelta.

Pues jamás domarás a ser a lo que no es. Pero tú, de este camino de busca aparta el pensamiento que pienses.

Una sola posibilidad aún de hablar de un camino queda: que es. En este hay muchísimos signos de que lo que es no se ha generado y es imperecedero, pues es de intactos miembros, intrépido y sin fin. Ni nunca fue, ni será, puesto que es, ahora, junto todo, uno, continuo. Porque ¿qué origen le buscarás? ¿cómo, de dónde habría tomado auge? De lo que no es, no te dejaré decirlo ni pensarlo, pues no es posible decir ni pensar que no es. Y ¿qué necesidad le habría hecho nacer después más bien que antes, tomando principio de lo que nada es? Así, necesario es que sea totalmente, o que no sea.

Ni nunca la fuerza de la fe permitirá que de lo que no es se genere algo a su lado. Por lo cual ni generarse ni perecer le consiente la Justicia, soltando sus cadenas, sino que lo tiene sujeto. Mas el juicio acerca de estos caminos se funda en esta pregunta: ¿es o no es? Pues bien, cosa juzgada es, según es necesidad, dejar el uno como imposible de pensar y nombrar, por no ser un camino verdadero, mientras que el otro es y es veraz. ¿Cómo podría ser más adelante lo que es? ¿Cómo podría haberse generado? Porque si se generó, no es, ni si está a punto de llegar a ser un día. Así, la generación se ha extinguido y es ignorado el perecer.

Tampoco es divisible, puesto que es todo igual, ni hay más en ninguna parte, lo que le impediría ser continuo, ni menos, sino que todo está lleno de lo que es. Por esto es todo continuo: porque lo que es toca a lo que es.

Y, además, está inmóvil entre los cabos de grandes cadenas, sin principio ni cese, puesto que la generación y el perecer han sido arrojados muy lejos, ya que los rechazó la fe verdadera. Es lo mismo, permanece en lo mismo, yace en sí mismo, y, así, permanece, trabados los pies, en el mismo sitio, pues una poderosa necesidad le tiene sujeto en las cadenas del límite que lo detiene por ambos lados. Por lo cual no es lícito que lo que es sea infinito, pues no es carente de nada, mientras que siéndolo carecería de todo.

Lo mismo es aquello que se puede pensar y aquello por lo que existe el pensamiento que se piensa, pues sin aquello que es, y en punto a lo cual es expresado, no encontrarás el pensar. Porque nada distinto ni es, ni será, al lado de lo que es; al menos el Destino lo ató para que fuese entero e inmóvil. Por esto son nombres todo cuanto los mortales han establecido, persuadidos de que son verdaderos: generarse y perecer, ser y no ser, cambiar de lugar, mudar de color brillante.

Y, además, puesto que tiene un límite extremo, está terminado por todas partes, semejante a la masa de una esfera bien redonda, desde el medio igualmente fuerte por todas partes, pues necesario es que no sea ni más fuerte, ni más débil en una parte que en otra. Porque no hay nada que pudiera hacerle dejar de extenderse por igual, ni hay manera de que lo que es pueda ser aquí más y allí menos que lo que es, ya que es todo inexpoliable. Pues aquello desde lo que por todas partes es igual, impera del mismo modo entre los límites.



Detalle De La Escuela De Atenas, Rafael. Parmenides En La Figura Central. 

miércoles, 16 de diciembre de 2015

lunes, 29 de diciembre de 2014

Día de los Santos Inocentes

ABORTO: NO ES CUESTIÓN DE MAPAS

JUAN A. HERRERO BRASAS 17/03/2014

El autor sostiene que en España es imposible plantear un debate serio sobre el aborto por culpa de la política Dice que desde posiciones progresistas puede defenderse la reforma de la legislación que abandera el Gobierno

A veces da la sensación de que la batalla en torno al aborto se libra en el campo de los meros posicionamientos políticos, como si la cuestión de fondo no admitiera ya argumentación ni debate. Y eso no es así, ni mucho menos. Conviene, por tanto, dar un breve repaso a los argumentos básicos que se esgrimen en el medio académico en torno a este controvertido asunto.

A favor de la liberalización del aborto, el argumento más claro y contundente lo encontramos en un famoso artículo de Mary Ann Warren, de 1973, titulado Sobre el estatus moral y legal del aborto. Ese artículo fue seguido de otros igualmente contundentes, entre los que cabe destacar Diferencia entre aborto e infanticidio (2000). Dichos artículos contienen los argumentos clásicos en que se fundamenta la posición a favor de la liberalización del aborto.

Warren hace la distinción entre ser humano y persona. No cuestiona el hecho de que el feto, también en su fase embrionaria, es un ser humano, pues posee un código genético completo propio, claramente diferenciado del de la madre. Pero niega, eso sí, que el feto sea una persona. Para ser considerado persona, no es suficiente -afirma Warren- tener rasgos faciales humanos, tener actividad cerebral detectable, o ni siquiera capacidad para sobrevivir fuera del útero.

Para Warren, la definición de persona incluye una serie de capacidades racionales y comunicativas que el feto no posee. Se trata de capacidades que tampoco posee un bebé de días o semanas, por lo que concluye que, estrictamente hablando, un bebé tampoco es una persona. Sin embargo, considera que no está justificado matar a un bebé, siempre que haya alguien que esté dispuesto a cuidarlo y proporcionarle una vida razonablemente buena. Ése no es el caso del feto, señala dicha autora, pues nadie puede ocuparse de él, excepto la madre, y es precisamente la madre quien no lo quiere. En cualquier caso, esta intelectual feminista deja claro que, estrictamente hablando, un ser humano que no es persona (y en esta categoría incluye también, entre otros, a quienes están en estado de coma.) no tiene derecho a la vida. Su derecho es, si acaso, indirecto, pues se basa sólo en la posibilidad de que su muerte produzca sufrimiento a otras personas.

Una variante del argumento que desarrolla Warren es que incluso si, por tratarse de un ser humano, el feto tuviera derecho a vivir, aun así el aborto estaría justificado porque la mujer tiene derecho a controlar su propio cuerpo. Este argumento generalmente va acompañado de la analogía de una persona a quien forzaran a prestar su cuerpo para diálisis con objeto de permitir la supervivencia de otro. La validez de tal analogía es, no obstante, dudosa. En el caso del embarazo, el paciente (el feto) no tiene culpa ni responsabilidad alguna por encontrarse en esa situación, y no ha hecho nada para forzar a la mujer a ser su apoyo vital. Simplemente la situación le ha venido dada por la conducta de otros.

En cuanto al hecho de que el feto será indudablemente una persona si no se le destruye, Warren alega que efectivamente ese es un argumento de peso para no destruirlo, y afirma que si existiera la posibilidad de abortar sin matar al feto la mujer que quisiera abortar debería hacerlo de esa manera. Pero concluye que al no ser posible hacerlo así, el derecho de una persona actual a gestionar su cuerpo tiene prioridad sobre el derecho de una persona potencial a vivir.

Un argumento muy común a nivel popular es el de la seguridad de la mujer que aborta. Muchas mujeres, según tal argumento, abortarían de todos modos, sea legal o no. Si lo hacen en condiciones de ilegalidad pueden estar arriesgando sus vidas. Puesto que dichos abortos van a ocurrir de cualquier manera, es mejor que tengan lugar en condiciones de salubridad y seguridad.

Dicho planeamiento, a mi modo de ver, no es aceptable. Si llegáramos a la conclusión de que el aborto es un crimen moral, el mencionado argumento equivaldría a decir que debemos legalizar cualquier crimen para que el criminal no corra riesgos en el momento de cometerlo. Lo que hay que dilucidar, por tanto, es si el aborto provocado es un crimen moral o no.

La famosa sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos conocida como Roe versus Wade, que liberalizó el aborto en aquel país en 1973, tomaba como criterio base el derecho a la intimidad, y fundamentalmente seguía la misma línea de razonamiento que encontramos en el primero de los mencionados artículos de Warren (que precisamente apareció publicado ese mismo año). La litigante en aquel proceso usaba el pseudónimo Jane Roe. Su auténtico nombre era Norma McCorvey, una mujer lesbiana que vivía con su pareja en Texas y que decía haber sido violada, y pedía que se le reconociera su derecho a abortar. La tardanza de la sentencia hizo que McCorvey diera a luz a una niña, tras lo cual continuó con su activismo a favor de la liberalización del aborto y trabajó en clínicas abortistas.

A MEDIADOS de los años 80, en su libro autobiográfico I Am Roe, McCorvey hizo pública su identidad y algunos detalles de su vida personal. Curiosamente, tiempo después, la activista que había conseguido la legalización del aborto cambió radicalmente de opinión. En su libro Won by Love (1998), cuenta como un día, en una clínica abortista en la que trabajaba, se quedó mirando una fotografía que mostraba el desarrollo de un feto de 10 semanas: «Me quedé sin aliento, con la vista puesta en ese feto.... son niños que están siendo matados en el vientre de su madre... Nada de primer trimestre, segundo trimestre, tercer trimestre. El aborto en cualquier momento es inmoral. Ahora lo veía claro, tan dolorosamente claro». En 2005, un nuevo litigio iniciado por McCorvey llegaba otra vez al Tribunal Supremo de Estados Unidos. Ahora McCorvey solicitaba del Alto Tribunal que anulara Roe versus Wade, la sentencia que ella misma había ganado 33 años antes.

Tales cambios de perspectiva, fruto de un proceso de reflexión, en España son difíciles de entender. Aquí priman los posicionamientos políticos y el recurso al ostracismo y la estigmatización. En estos momentos, la estrategia por parte de los sectores contrarios a la reforma de la ley del aborto consiste en presentar a quienes discrepan de ellos como extremistas de derechas o miembros de sectores clericales. Se nos intenta hacer ver que la reputación de España como país progresista está en juego, y que toda persona sensata y poco menos que en su sano juicio se opone a la Ley Gallardón. Estamos ante el argumento clásico del pensamiento único. Curiosamente, hasta la ultraderechista Marine Le Pen se ha unido a las filas de quienes se oponen a la reforma Gallardón. Y también se han posicionado así la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales e incluso la rama española de Amnistía Internacional.

Nada de eso me impresiona. Los argumentos de corrección política y mapas comparativos no me valen. Me precio de ser políticamente incorrecto, pero intelectualmente honrado. A la vista están mis publicaciones a favor de la igualdad de derechos de lesbianas y gays, a favor de los inmigrantes, en contra de la violencia machista, contra las corridas de toros y la crueldad para con los animales, y en general mi continua implicación en causas radicales a favor de la igualdad y contra la marginación y el sufrimiento de los seres humanos. Nadie me puede acusar de ser un extremista de derechas ni de representar los intereses del clero. Quede eso claro, porque mi sentido de la honradez moral e intelectual me exigen en este momento posicionarme claramente a favor de la reforma Gallardón. Si callara ahora, mi silencio estaría salpicado con la sangre de seres inocentes.

Juan A. Herrero Brasas es profesor de Ética y Política Pública en la Universidad de California.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Cooking with Dog

Pero que suertudo es Francis el caniche de Cooking with Dog, tiene un puesto siempre en la primera línea de acción:

miércoles, 6 de agosto de 2014